Cuando hablo de miedo
también sé que voy a hablar de valor, una de las virtudes más admiradas
universalmente, en todas partes y en todas las épocas.
¿Es que tener miedo significa carecer de valor?
Creo que eso suele ser falso. De cualquier modo, estoy convencido de que
sólo ante el acecho del miedo podemos dar pruebas de nuestro valor. Ésta
es la razón por la que aprecio a mis pacientes. Todos ellos son personas
que tenían mucho miedo y han luchado, como he contado en este libro,
contra un enemigo interior, invisible, oculto en ellos mismos, y por lo
tanto capaz, más que ninguna otra cosa, de hacerles perder la razón, de
hacerles creer cierto lo que no es más que ilusorio. Además, estas
personas combaten en la sombra, pues, aparte de ellos, ¿quién más ve a
este enemigo? ¿Quién siente ese miedo? Entonces si, como dicen los
filósofos, dar prueba de valor es actuar a pesar del miedo, sí, son
valientes.
Este valor les permite vivir este instante, lo que sin duda es uno de
los momentos de gracia de la psicoterapia, donde ellos sienten que
vuelven a avanzar, donde dejan de retroceder o de paralizarse ante el
miedo. El instante en que obtienen su primera victoria: esta vez no han
sido ellos los que han retrocedido, sino su miedo, agotado por su
resistencia. Éste volverá, pero ellos resistirán. |
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